PSICOTERAPIA ZEN

Basada en el budismo que invita a cargarse de optimismo.

 

El primer texto budista “psicoterapéutico” fue el Dhammapada, un documento sagrado que contiene las observaciones agudas de Buda sobre la naturaleza de muchos malestares.

Tal es la influencia del budismo en las psicoterapias que el término “terapeuta” proviene de theravada, que en sánscrito (lengua en la que se transmitió el budismo) significa, literalmente: “persona que sigue la tradición de los sabios”.

Según Buda, todos tienen patrones de pensamiento que nos condicionan, porque la mente se pone en estado de alerta frente a lo malo, juzga y, encima, nunca se calla. Basándose en esto, la psicoterapia zen analiza el modo en que se percibe y se lee el mundo y se propone que se identifique esos pensamientos que son los que originan el universo interno de preocupación y malestar en que se vive. La explicación es simple: si se sabe de dónde se viene o cómo los creamos, entonces podemos “apagar” el ruido que hacen para estar más en armonía. Ahora, el tema es cómo se logra. Trabaja el desapego: este sentimiento se basa en, al menos, dos ilusiones. La primera es la idea de que algo nos “pertenece”. Y la segunda, creer que eso va a abandonar nuestro mando cuando lo deseemos. Entonces, cuando las cosas suceden sin nuestro “permiso”, sufrimos. Apegarse es olvidar que todo fluye, siguiendo rumbos que muchas veces no conocemos o entendemos. Trabajar el desapego nos ayuda a sacar lo mejor de cada situación y a dejarla pasar sin resistencia, aprender que la vida está hecha para tomar y soltar continuamente.

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