LA TOXICIDAD DE LAS NOTICIAS

El consumo excesivo de noticias y de información

El consumo excesivo de noticias y de información está en la raíz de  muchas de nuestras preocupaciones”. El budismo zen considera que la conciencia humana está formada por un conjunto de semillas que representan cada uno de los estados emocionales- ira, paz, enojo, paz, amor, alegría, felicidad…- y que los hábitos y comportamientos de las personas las riegan.

Con respecto al consumo informativo tenemos que decir que la proliferación  de malas noticias crea un efecto adverso en el lector y puede regar una semilla de desesperanza y tristeza.

Recordamos desde aquí la necesidad de ser conscientes de cómo se seleccionan y se transmiten las noticias; si bien es cierto que parecen no abundar las noticias con tintes optimistas, aunque también las haya, tampoco suelen ser de interés para los medios porque parecen no ser atractivas para la audiencia.

No se trata de una evasión de los problemas, sabemos que están ahí, sino más bien de proporcionar instrumentos para construir un mundo diferente, una visión alternativa a la que la prensa, y  todos los medios de comunicación pueden contribuir para regar también estas otras semillas de un corazón pacífico.

Nuestras vidas particulares  y toda nuestra sociedad se construye a partir de incontables actos de bondad. Nuestro pasado evolutivo único nos ha hecho maravillosamente cooperativos, empáticos y amorosos. Entonces ¿por qué nuestra historia está tan llena de egoísmo, crueldad y violencia? Está claro que los factores económicos y sociales juegan y han jugado un papel importante.

Hay un cuento indio que viene a decir que hay dos lobos dentro de cada uno: el del amor y el del odio, y que todo depende de a cuál demos de comer cada día.

Aunque se presta más atención al lobo del odio, el del amor es más grande y fuerte, y su desarrollo durante millones de años ha sido un factor  de gran importancia para dirigir la evolución del cerebro. Por ejemplo los mamíferos y los pájaros tienen cerebros mayores que los reptiles y los peces. Cuanto más sociable es una especie de primates, mayor cerebro tiene.

El tamaño del cerebro humano se ha triplicado en tres millones de años; mucha parte de este crecimiento está dedicado a capacidades relacionales como la empatía y el planear colectivamente. En el duro ambiente que nuestros ancestros tuvieron que enfrentar, la cooperación ayudaba a la supervivencia; por eso en nuestro cerebro se han integrado factores que promueven la cooperación, como altruismo, generosidad, preocupación por la reputación, sentido de la justicia, lenguaje, capacidad de perdonar y moralidad y religión. Tanto la cooperación como la agresión evolucionaron sinérgicamente: las bandas que cooperaban más tenían más éxito en la agresión, y la agresión entre las bandas pedía cooperación dentro de las batallas. La inclinación hacia ellos, amor, compasión  y odio, así como sus capacidades perviven dentro de nosotros

 La compasión es natural. Deriva de nuestra interconexión o interdependencia. Es importante hacerse conscientes de este destino compartido: los minerales de la tierra están en el trigo y en nuestros huesos, las nubes cargadas de lluvia son nuestra bebida y también nuestra sangre, el oxígeno de los árboles y los bosques es el aire que respiramos.

Los seres humanos estamos conectados en la conciencia. Este hecho se basa en la compasión.

Hay una base neurológica para la compasión: las neuronas espejo, a través de ellas sentimos las emociones, los movimientos y las intenciones en los otros. Esta empatía natural es parte del cerebro social, un circuito neuronal que nos conecta íntimamente en cualquier relación humana.

Nos olvidamos de la compasión mucho más a menudo que del rencor. La compasión está oculta debido a los miedos o los traumas, pero podemos despertarla de nuevo, todos experimentamos momentos en que resplandece la apertura y belleza que reside dentro de cada uno.  Sin embargo cuando surge el odio perdemos la alegría del corazón abierto y esto es un coste demasiado elevado.

Dice Luther King: “nunca sucumbas a la tentación de caer en la amargura”. Cada pérdida es una oportunidad para cerrarse al mundo o para enfrentarla con dignidad y dejar que el corazón responda.

Lo más fácil es dejar de creer que somos valiosos y dignos de ser amados, a este respecto dice la mística Simone Weil: “ El peligro no está en que el alma dude de que exista el pan, sino el que por un engaño, se convenza a sí misma de que no tiene hambre”. La compasión nos recuerda que merecemos ser aceptados, no importa lo perdidos que hayamos estado.

La compasión hacia nuestro miedo y nuestra vergüenza nos abre a los demás. La gran valentía no se demuestra con agresividad o ambición, que son expresiones del miedo y de la ilusión, ya que un corazón valiente es el de aquel que no teme abrirse al mundo.

Decidamos ser felices: en el corazón pacífico nace el amor

Cuando el amor encuentra el sufrimiento se convierte en compasión

Cuando el amor encuentra la felicidad se convierte en alegría.

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Dorinda Udías Moinelo
Terapeuta Psicocorporal – Experta en Mindfulness

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